Al subir las escaleras del Palacio me paro en un cartel titulado “Exposición del Proyecto Fotográfico Locuras/Corduras”. La imagen es la de una figura (no puedo identificar si es un hombre o una mujer, pero tampoco importa) vestida de negro y su rostro tapado por una regadera naranja. Una vez que llego a la Sala de San Ambrosio doy con la exposición que está dividida en enormes paneles con decenas de personas posando.

A primera vista todas esas figuras parecen iguales. Todas van vestidas de negro, sobre un fondo también oscuro y tienen dos objetos en las manos: la regadera naranja del cartel y una pelota azul. En otras imágenes salen en diferentes posturas. Todas estas personas parecen iguales, pero hay algo que las individualiza, las separa: la forma de sonreír, las miradas, las expresiones faciales, las posturas de las manos… Tras unos minutos empiezo a discernir a todas esas personas que son tan iguales y tan diferentes al mismo tiempo.

La exposición “Locuras / Corduras” es un proyecto impulsado por la Fundación Intras desde 2014, cuando se planteó la idea de visibilizar la situación de las personas con malestar psíquico. El objetivo de esta brillante exposición es el de demostrar que todos somos iguales, que la delgada línea entre la cordura y la locura está más próxima de lo que creemos. Que la locura está presente en todos nosotros de alguna forma. ¿Quién tiene el poder de determinar dónde se separan la locura y la cordura? Esta exposición busca, además, concienciar a los espectadores del daño que hacen los estereotipos y de la imagen irreal en la que se encuentran sumidas las personas con malestar psíquico. Que no hay diferencias más allá de nuestra mirada y nuestra sonrisa. Desde luego la fundación Intras consigue, con este proyecto, el objetivo de sensibilizar sobre la situación de un colectivo y hacernos reflexionar.

El efecto es sorprendente. Según paseo por la galería las imágenes se difuminan, se mezclan, parecen todas iguales, y al acercarme, encuentro la distinción en cada una de ellas. Si queréis sentir de cerca la sensación de perderos entre cientos de caras, de admirar una sonrisa y observar una mirada, no dudéis en dejaros caer por el Museo de Arte Africano. Desde luego, no os va a dejar indiferentes.